Gustavo Gordillo: ¿Es que estamos nepantla?
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- agosto 30, 2025
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e gustaría reflexionar en mis próximas entregas sobre los enormes retos que enfrentamos tanto los mexicanos como la clase política y, sobre todo, el gobierno que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum. Pero antes me gustaría establecer algunas coordenadas relacionadas con el gobierno de AMLO.
Los positivos. El sexenio del presidente López Obrador puede registrar entre sus logros tres de suma importancia: la política salarial a partir de los aumentos continuos en el salario mínimo, con una reducción importante de la pobreza como consecuencia de esta estrategia; los programas sociales de transferencias y las remesas; y la estabilidad macroeconómica, a pesar de que en el sexenio el crecimiento económico siguió estancado y muy por debajo de las necesidades del país.
Negativos. Tres son también las graves lacras en esos años: el desastre en el sistema de salud que se ilustra, pero no se agota, en la dramática experiencia de la pandemia; el cada vez mas deteriorado sistema nacional de educación, y la metástasis social del crimen organizado.
La principal disputa. Los últimos años del gobierno de AMLO también han permitido focalizar que la tensión central que será el eje de las disputas y de las propuestas políticas en el futuro inmediato se refiere a la concepción y la arquitectura institucional de la democracia constitucional frente a la incipiente emergencia –en México y en muchos países del mundo– de la democracia plebiscitaria o la democracia de audiencias, como gusta llamarla Nadia Urbinati. A la luz de la democracia representativa se trata una versión desfigurada.
Lo que no tiene precio. En medio de una violencia generalizada en muchas regiones del país, con costos inenarrables en vidas humanas, con un sistema de partidos colapsado, el desprestigio de las instituciones de la democracia representativa –con notables excepciones–, la débil presencia de instancias de intermediación, y marcadas narrativas polarizadas; la estabilidad de política durante el régimen lopezobradorista mantuvo, con sus costosos errores y retrocesos, una frágil estabilidad política.
¿Y la sociedad, los gremios, las organizaciones sociales? Pequeños grupos, en muchas zonas del país, sobre todo de las grandes ciudades, llevan a cabo un meritorio activismo cívico que contrasta con una sociedad aparentemente abúlica, desinteresada de su entorno y volcada hacia adentro. Se diría que está en Babia. Pero no; para un mexicano es más apropiado decir que está nepantla.
Nepantla. La primera vez que la palabra nepantla fue traducida al castellano e incluida en un diccionario se debe al padre Andrés de Olmos, que en 1547 escribió en el Arte de la lengua mexicana lo siguiente: nepantla “en medio” o “entre”. El primero que registró el uso metafórico de dicho vocablo fue fray Diego Durán, que incluyó un breve comentario en su Historia de las Indias de Nueva España (1581), en el que relata la respuesta que le dio un indio anónimo al que estaba reprendiendo por haber organizado una costosa fiesta celebrada a partir de antiguos rituales.
“Padre, no te espantes, pues todavía estamos nepantla. Y como entendiese por aquel vocablo lo que quiere decir, ‘estar en medio’, e insistí me dijese qué era aquel en que estaban. Dijo que como no estaban arraigados en la fe, creían en Dios y que juntamente recurrían a sus costumbres antiguas y del demonio, y esto quiso decir en su abominable excusa de que aún permanecían en medio y estaban neutros.”
Lo que dice Emilio Uranga. Este vocablo también designa en su opinión: el desarraigo, el estar en medio, la permanencia en un estado neutro, la abstención de cualquier ley, y la utilización de dos leyes opuestas. Lo que este concepto nahua nos permite pensar, decía Uranga, es en la oscilación.
Al tiempo que revisaré los más serios retos que confrontaremos, seguiré recurriendo a Uranga y a lo que, en mi opinión, es el concepto clave que hoy nos define: estar nepantla.